Vidriera de Sainte-Chapelle. Ana de la Torre Roldán
Sainte-Chapelle fue edificada con el objetivo de albergar las reliquias adquiridas por el rey San Luis de Francia, entre las que destaca la Corona de espinas de Jesucristo. Su construcción se remonta al siglo XIII, comenzando en el año 1242 y terminando en 1248. No hay documentos que identifiquen a su arquitecto o al diseñador del programa iconográfico de las vidrieras, pero está ampliamente aceptado que fue Pierre de Montreuil, el arquitecto de la Basílica de Denis y del crucero de Notre Dame, quien superviso la construcción.
Desde entonces, la catedral ha pasado por numerosas reformas, siendo las más importantes la llevada a cabo tras la Revolución Francesa y la de 2008, logrando conservar su estructura hasta la fecha y alcanzar los 900.000 visitantes cada año.
Como ya se ha mencionado, la catedral es un excelente ejemplo de la arquitectura gótica radiante, que se caracteriza por producir una sensación de ingravidez y verticalidad. Gracias a los avances arquitectónicos de la época, la estructura prácticamente carece de soportes murales más que los contrafuertes, extendiendo en su lugar multitud de vanos que ocupan todo el espacio restante. Estos filtran la luz a través de vidrieras policromadas, dando nombre a esta etapa del gótico y permitiendo alcanzar elevadas alturas para sus techos abovedados.
A diferencia de su rica decoración interior, el exterior de Sainte-Chapelle es relativamente simple y austero. Destaca la parte superior de la catedral, donde cada ventana está rematada por un gablete coronado con un florón. Hay también un friso decorado con motivos vegetales y gárgolas en las arquivoltas. La decoración tiene también un carácter simbólico; cada uno de los pilares que hay entre los vanos está decorado con estatuas de los Doce Apóstoles, simbolizando los pilares sobre los que descansa la iglesia.
En cuanto al interior de la catedral, Sainte-Chapelle está compuesta por dos capillas. El nivel inferior, dedicado a la Virgen, era accesible a la gente común y estaba al servicio de trabajadores del palacio real; mientras que el nivel superior estaba destinado al rey, la familia real y las reliquias.
A la entrada se halla un pórtico cuyo tímpano representa la coronación, y al adentrarnos un poco más, encontramos la capilla inferior. Consta de tres naves, siendo la central más grande que las otras dos. Se caracteriza por su atmósfera oscura, que evoca a una cripta y frente a este ambiente, destaca la delicadeza y elegancia de la decoración: tanto las paredes como las columnas y techo de la capilla inferior se encuentran ricamente policromadas. Algunas de las representaciones más comunes son las flores de lis de los reyes de Francia, así como pequeños castillos en referencia a las armas de Blanca de Castilla, madre de San Luis. En esta planta se ubican 15 vidrieras de 15 metros de altura.
Sin embargo, es la capilla superior la más importante y reconocida de la catedral; consta de enormes vitrales, de unos 600 metros cuadrados, que cubren todo el segundo piso. En total incluyen 1113 escenas del Antiguo y Nuevo Testamento de la Biblia cristiana. Comienza con Génesis, la creación de la Tierra y los cielos, Adán y Eva; y a medida que continúan por la capilla, representan la vida, la muerte y la resurrección de Cristo. Culmina en el Apocalipsis o Juicio Final, que se muestra en los 82 pétalos que incluye el rosetón. Esto lo convierte en la colección de vitrales más antigua y extensa del mundo.
Se conocían dos tipos de vidrieras: las destinadas a ventanas elevadas y a ser vistas de lejos; y las destinadas a ventanas bajas y a ser vistas de cerca. Las primeras se dedicaban a transmitir mensajes simbólicos del poder real o eclesiástico, mientras que las segundas normalmente incluían ciclos narrativos.
Los colores empleados para representar las vidrieras son solo cinco: azul, rojo, verde, morado y amarillo, siendo los dominantes el azul y el rojo y dando a la capilla un colorido muy característico. Las vidrieras están subdivididas por tracerías de barras, cubiertas por pináculos ornamentados con corchetes y coronas que citan la primera reliquia traída a la capilla.
Las siguientes vidrieras proceden de dos de las quince bahías de la catedral.
En una de ellas, Samsón desgarra el hocico del león. Este es el primer episodio de la batalla librada por el héroe bíblico que revela la invencible fuerza que posee y que pondrá al servicio de su pueblo, los hebreos, contra los filisteos.
En ellas es utilizada la técnica pictórica de la grisalla en cristal, junto con la elección de colores refinados y dinamismo en las escenas. En cuanto a la anatomía, se caracteriza ser por figuras masculinas de esbeltas proporciones, de cráneo más bien redondo y sin barbilla pronunciada, envueltas en un abrigo que enfatiza la silueta sin amplificarla con suaves pliegues. Entre los complementos, suele haber un árbol con hojas de alcachofa.
A partir de este análisis, se descubrieron afinidades con las vidrieras de otras catedrales, como las de Clermont-Ferrand, Le Mans o Saint-Julien du Sault.





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